Hay novias que, desde el primer momento, desprenden una elegancia que va más allá del vestido. Marta ha sido una de ellas.
Su look, lleno de historia y significado, parecía sacado de una editorial de revista.
El vestido pertenecía a su madre y no se tocó absolutamente nada de él. Conservó cada detalle original, honrando su historia familiar con una naturalidad que pocas veces se ve.
A este conjunto se sumaron dos piezas cargadas de valor sentimental: un choker de perlas y unos delicados guantes de encaje que pertenecieron a su abuela. Una combinación perfecta entre herencia, sofisticación y alma.
Para completar su imagen, nuestra compañera Esther se encargó del peinado, cuidando con mimo cada detalle. Optó por una melena lisa con volumen en la parte superior, recogida con sencillez y elegancia, resaltando la esencia natural de Marta y su estilo atemporal.
Las imágenes, capturadas con una sensibilidad única porCarol García – Conde, reflejan a la perfección lo que fue esta boda: una historia de amor, familia y autenticidad.
Para todo el equipo ha sido una experiencia preciosa. El trato tan cercano con Marta y su madre nos ha dejado un cariño inmenso; siempre transmitieron amor y gratitud en cada palabra.
Marta fue, sin duda, una novia de las que dejan huella. Tan fina y especial como su propio look.